Y volvemos al Reino Unido, en concreto a Escocia. Entre muchos de los rincones sorprendentes que guarda esta tierra, vamos a visitar la ciudad de Striling, a medio caballo entre las Tierras Bajas y las HIghlands, un rincón envuelto en historia presidido por una gran fortaleza construida sobre roca volcánica. Una excursión de un día de la que quedarás fascinado. ¿Te unes al viaje?

Sin duda, la estrella de la ciudad es la impresionante fortaleza que vigila la ciudad, situada sobre una colina volcánica. Es un buen punto para empezar nuestra visita a la ciudad, aparcar y disfrutar de las impresionantes vistas.

Justo al lado del parking, tendremos una estatua en honor al rey Robert the Bruce (no lo confundamos con William Wallace) y a lo lejos, hacia el noreste, el memorial a William Wallace (ahora si, el de Braveheart)

Dentro del castillo, no puedes dejar de visitar las murallas (un paseo de 10), aunque la grandeza del edificio hace que tenga muchos ricones especial.

Robert the Bruce, monarca a la fuerza

Aunque directamente no era sucesor al trono, una serie de altercados facilitó su subida como rey de Escocia. A pesar que su padre juró lealtad al rey Eduardo I de Inglaterra, un año más tarde Robert se sumó al bando revolucionario.

Tras dimitir como guardián de Escocia y después de una tregua de nueve meses de Inglaterra contra Escocia en su sexta campaña en Escocia, Inglaterra captura y ejecuta a William Wallace.

Las pretensiones de John Comyn al trono, podrían frustar las aspiraciones de nuestro amigo Bruce, hasta que le atacó el en monasterio de Greyfriars, pero le dejó gravemente herido. El trabajo lo remataron dos de sus seguidores. Esto acabó con la excomunión de Robert, los barones que le había ayudado y todo el país. Llegado a este punto, tenía que convertirse en rey o fugitivo, y se le coronó como rey en Scone, aunque aún no tenía un reino que gobernar. Tras una intensa guerra de guerrillas, hudías y vueltas a Escocia, la muerte de Eduardo I propició el reconocimiento de Bruce como rey; el apoyo de la iglesia (con importante peso en política) fue algo determinante en la causa. En 1314 Escocia logró su independencia.

Desde el castillo de Striling, podemos visitar la iglesia de Holy Rude y su impresionante cementerio. En este iglesia se coronó al rey Jacobo I, que unificó en una corona los reinos de Inglaterra y Escocia. El cementerio vale la pena un buen paseo, no sólo por su estética general, sino por las tumbas, algunas de ellas singulares como la Star Pyramid.

Si andáis bien de tiempo, cercano a la iglesia tenéis el palacio Argyll’s Lodging, considerada la casa urbana más importante de su tiempo en Escocia.

 

Pero la ciudad de Stirling no sólo alberga grandes castillos o edificios religiosos. Un paseo por la Old town hará las delicias de cualquier visitante. Existen otros puntos un poco más alejados del centro histórico que quizá te apetezca visitar.

Uno de los ejemplos, es el memorial a William Wallace, desde el cual podrás disfrutar de unas de las mejores vista del alrededor de la ciudad. Otro ejemplo es la abadía de Cambuskenneth, en uno de los meandros del río Forth, o incluso el puente de Stirling: punto de conexión entre las Tierras Bajas y las High Lands.

Algo más macabro sería la piedra de las decapitaciones, ¡cuyo uso podéis imaginar!

Cómo llegar: por carretera, desde Edimburgo, toma la M9 y llegarás directo a Stirling, y en tren con el Scotrain desde Edimburg Waverly

Oficina de turimo:  Old Town Jail, St John Street, Stirling, FK8 1EA

Gastronomía imprescindible: prueba el fish and chips escocés, que al contrario que el inglés, se suele hacer con abadejo. Y si te atreves, por supuesto, prueba el haggis.

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